Ceuta no puede defenderse sola: Una respuesta estratégica e integral de Estado frente al expansionismo marroquí
- Javier A. Hernández

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Originalmente fue publicado en ¡Ey! Boricua: https://eyboricua.com/
Por: Javier A. Hernández Javier A. Hernández, politólogo, políglota y especialista en seguridad internacional, es candidato a doctor en Diplomacia y Asuntos Internacionales. Fue agente especial del Servicio de Seguridad Diplomática del Departamento de Estado de EE.UU. y diplomático en América Latina y en Asia. Su experiencia abarca procesos de descolonización, soberanía, geoestrategia en el Caribe y en Hispanoamérica, y análisis geopolítico. Es autor de varias obras sobre la autodeterminación y la soberanía de Puerto Rico y brinda consultoría en descolonización y en asuntos estratégicos.
Los sucesos recientes en el perímetro fronterizo de Ceuta no son simplemente una crisis migratoria ni un hecho accidental. Son una clara muestra de un desafío sistemático y en zona gris que afecta la soberanía del Reino de España. Sin importar los cambios ideológicos en los gobiernos de Madrid, la protección de la integridad territorial y del espacio soberano es una obligación ineludible del Estado. La débil respuesta institucional ante las acciones coercitivas revela una peligrosa desigualdad entre la voluntad política de la potencia agresora y la inacción estratégica de la nación afectada.
Escribo estas líneas como puertorriqueño, pero principalmente como experto en relaciones internacionales, seguridad internacional y geopolítica comparada. En el contexto hispanoamericano, comprendemos profundamente las severas consecuencias que enfrentan los países que dependen de las ambiciones de potencias dominantes o que descuidan su soberanía. Quien analiza la geografía del Mediterráneo occidental desde una perspectiva académica y realista nota rápidamente que España se encuentra en un entorno de seguridad muy inestable, donde la vulnerabilidad estratégica no proviene de la falta de recursos, sino de la ausencia de una visión clara de Estado.
I. Del Apaciguamiento a la Disuasión Realista: El Diagnóstico Geopolítico
Es fundamental desmontar las narrativas complacientes que intentan presentar la constante presión sobre Ceuta, Melilla, la isla de Alborán, las islas Chafarinas y el archipiélago canario como meras cuestiones humanitarias. La historia y las dinámicas actuales de la seguridad internacional, como ha señalado claramente el analista geopolítico D. Pedro Baños Bajo, muestran que las migraciones masivas sin documentación, las disputas aduaneras, las reclamaciones sobre la Zona Económica Exclusiva (ZEE) y el uso instrumental de colectivos vulnerables son componentes de la guerra híbrida y de la coerción en zonas grises. La finalidad última no es otra que desestabilizar la moral política española, explorar los límites de la disuasión de Madrid y alterar paulatinamente el statu quo territorial en línea con la doctrina irredentista del «Gran Marruecos» que amenaza no solamente a España, sino también a Argelia, Mauritania y Malí, entre otros.
España debe dejar de lado rápidamente la estrategia del apaciguamiento defensivo. Sin una disuasión creíble, la diplomacia solo será palabras vacías. Como enseña el realismo político clásico, los Estados que muestran debilidad institucional o subordinan sus intereses defensivos a acuerdos vacíos inevitablemente enfrentan una mayor presión de sus rivales geopolíticos. La única diplomacia realmente efectiva frente a un vecino expansionista se basa en fuerzas armadas disuasorias, inteligencia estratégica activa, unidad interna y autonomía económica.
II. Marcos Normativos e Instrumentos Coercitivos bajo la Unión Europea
Frente al chantaje migratorio y comercial de Rabat, Madrid no está indefensa. La pertenencia de España a la Unión Europea le proporciona un arsenal normativo y operativo de alto nivel que ha sido poco aprovechado por el complejo burocrático-diplomático español. Una respuesta estatal firme e institucional debe basarse en las siguientes herramientas comunitarias:
Las Cláusulas de Defensa y Solidaridad Europea (Art. 42.7 del TUE y Art. 222 del TFUE) establecen que Ceuta y Melilla son territorios soberanos de España y, por tanto, forman parte de la Unión Europea. España debe exigir la activación explícita de la cláusula de defensa mutua y el principio de solidaridad ante cualquier ataque híbrido o violación intencional de las fronteras terrestres o marítimas. Esto obliga a las instituciones de Bruselas a reconocer la frontera hispano-marroquí como la frontera exterior innegociable de la Unión.
Despliegue Permanente y Condición Operativa de FRONTEX: La gestión de las fronteras en Ceuta y Melilla debe incluir un despliegue constante y fortalecido de Frontex, dotándolo de un mandato ejecutivo para responder con rapidez ante incursiones masivas coordinadas.
Instrumento Anti-Coerción de la UE (ACI) e Invocación Comercial: Frente al cierre unilateral de aduanas comerciales o a los boicots encubiertos por parte de Marruecos, España debe poner en marcha el nuevo Reglamento Anti-Coerción de la UE, aplicando restricciones comerciales, arancelarias y de acceso al mercado único europeo en los sectores económicos que dependen de la oligarquía marroquí.
Rigor Fitosanitario y Protección del Sector Agrario Español: La Unión Europea tiene los estándares sanitarios y fitosanitarios más rigurosos del mundo. España debe implementar controles exhaustivos y suspender las cuotas de importación agrícolas cuando los productos del sur no aseguren la trazabilidad, la reciprocidad laboral o el cumplimiento de los límites de fitoplaguicidas, protegiendo así al sector agrícola español afectado por la competencia desleal.
Condicionalidad Estricta de Fondos Europeos y Asistencia Técnica: Es inadmisible que Marruecos siga recibiendo millones de euros en fondos europeos destinados a la gestión migratoria, mientras recurre a la apertura de fronteras como herramienta de chantaje y de presión política. España debe ejercer su derecho de veto en el Consejo Europeo para impedir cualquier pago financiero hasta que se restablezca el orden y se respete plenamente la soberanía española.
III. Reconfiguración Estratégica Regional: El Sáhara Occidental y el Rif como Factores de Contención
Una estrategia nacional soberana no debe ser solo reactiva ni limitarse a gestionar los impactos en Ceuta; debe abordar las causas fundamentales y las vulnerabilidades geopolíticas del adversario. En este aspecto, la política exterior española necesita un cambio radical, reemplazando la actitud de retraimiento por una contraofensiva diplomática basada en el Derecho Internacional y en el principio de autodeterminación.
Primero, España debe reafirmar firmemente su papel histórico y legal como Potencia Administradora del Sáhara Occidental. La capitulación diplomática ante la ocupación marroquí no solo viola las resoluciones de la ONU y los dictámenes del Tribunal Internacional de Justicia de La Haya, sino que también ha desarmado estratégicamente a España. Esto ha alienado a un aliado clave, como Argelia, socio fundamental para la estabilidad del suministro de gas y la seguridad energética, y ha fortalecido las ambiciones irredentistas de Marruecos. La causa saharaui representa más que una lucha de justicia anticolonial; es un pilar para mantener el equilibrio regional. Un Sáhara Occidental independiente, gobernado por la República Árabe Saharaui Democrática (RASD), neutraliza las aspiraciones expansionistas de Rabat hacia el Atlántico y el archipiélago canario.
En segundo lugar, desde una perspectiva realista del equilibrio de poder en el norte de África, España debe reconocer la historia y la realidad social de la región del Rif. Como señalan analistas y medios especializados, las aspiraciones de autonomía e independencia del pueblo rifeño (expresadas con firmeza en los últimos años y revitalizadas por el movimiento Hirak) tienen el potencial de influir en la reconfiguración política del Magreb. Un Rif con estructuras de soberanía y autogobierno no solo legitimaría las demandas de una población marginada y reprimida por el poder central de Rabat, sino que también actuaría como un “colchón geopolítico” natural entre Marruecos y las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla.
También, como han comentado algunos analistas, la Franja de Tárfaya (el antiguo Cabo Juby español) podría ser un territorio fronterizo entre Marruecos y el Sáhara Occidental, bajo la soberanía compartida de España y Argelia. La Franja de Tárfaya, además de frenar las amenazas territoriales marroquíes contra el Sáhara Occidental, servirá como corredor marítimo argelino hacia el Atlántico y como foco de seguridad geopolítica española en el norte de África. Bajo este andamiaje geopolítico, España, Argelia, Sáhara Occidental, la República del Rif, Mauritania y Malí por fin se liberarán de las constantes amenazas y de las políticas expansionistas marroquíes.
El respaldo diplomático y moral de España y de la comunidad internacional al pueblo rifeño y a su derecho a decidir su futuro político limita el impulso expansionista de Marruecos, al centrar la atención y los recursos de Rabat en sus propias contradicciones internas y en problemas de legitimidad democrática. La historia del Rif, que ya vio la breve República del Rif proclamada por Abd el-Krim en los años veinte, demuestra una identidad distinta que el Estado español no puede seguir ignorando, pese a una prudente diplomacia que los hechos desmienten.
IV. Fortalecimiento Interno y Consenso Político Institucional
Ninguna operación exterior será efectiva si el frente interno sigue siendo frágil o vulnerable. La defensa de Ceuta, Melilla y las Islas Canarias requiere una modernización rápida de las capacidades militares y policiales en la frontera sur. Es indispensable desplegar unidades de reacción rápida de las Fuerzas Armadas de manera constante, además de reforzar, tanto en número como en tecnología, la Guardia Civil y la Policía Nacional. También es crucial implementar sistemas avanzados de inteligencia, ciberdefensa, vigilancia marítima y tecnología antidrones en el Estrecho de Gibraltar.
Además, la soberanía nacional no debería convertirse en un tema de disputa partidista ni en un juego electoral de corto plazo. Tanto la izquierda democrática, que respeta el Derecho Internacional, los derechos humanos y el multilateralismo europeo, como la derecha democrática, comprometida con la seguridad nacional, el orden constitucional y la integridad territorial, deben unirse para firmar un Gran Pacto de Estado por el Mediterráneo Occidental.
Desde Puerto Rico (país hispanoamericano administrado por un régimen colonial estadounidense desde 1898), vemos a España no solo con admiración por su historia, sino también con la firme creencia de que una España fuerte, soberana y bien organizada es esencial para mantener la estabilidad en la región euro-mediterránea y fortalecer el prestigio del mundo hispánico en el escenario global. Las naciones que ceden ante presiones constantes, sin resistir, arriesgan su propia existencia histórica.
El ataque a Ceuta debe marcar el fin definitivo del apaciguamiento español. España no debe responder con exabruptos ni impulsos emocionales, sino con la serenidad, la valentía, la firmeza y la planificación que requiere la alta política internacional. Al usar de manera coordinada las herramientas coercitivas de la Unión Europea, reforzando la disuasión militar en el Estrecho y apoyando firmemente el derecho a la autodeterminación e independencia de los pueblos saharaui y rifeño, el Estado español restablecerá el equilibrio de poder en el Mediterráneo occidental y garantizará de manera sólida la paz, la soberanía y la dignidad de su pueblo.




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