La Cumbre de Biskek y el avance del mundo multipolar
- José Gabriel Martínez Borrás
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La Cumbre de Biskek y el avance del mundo multipolar
Dr. José Gabriel Martínez Borrás
Asociado de investigación, ICEPI
La Organización de Cooperación de Shanghái (OCS) celebró recientemente una importante cumbre en Biskek, Kirguistán, con motivo de su 25.º aniversario. El encuentro reunió a algunos de los líderes más influyentes del mundo, cuya presencia refleja la creciente importancia de la OCS como foro político, económico y de seguridad dentro de Eurasia.
Las principales potencias dentro de la OCS enfrentan diferentes niveles de presión por parte de Washington, ya sea a través de conflictos militares, cercos estratégicos, sanciones o medidas comerciales. Ante ello, espacios como la OCS buscan explorar formas alternativas de comercio, cooperación en seguridad y construcción de alianzas fuera de la influencia estadounidense.
Fundada en 2001 por China, Rusia, Kazajistán, Kirguistán, Tayikistán y Uzbekistán, la organización surgió inicialmente para resolver disputas fronterizas y fortalecer la estabilidad regional tras la desaparición de la Unión Soviética. Con el tiempo, la OCS amplió considerablemente sus objetivos y miembros, incorporando a India, Pakistán, Irán y Bielorrusia. Actualmente representa aproximadamente la mitad de la población mundial y cerca de un tercio de la producción económica global, convirtiéndose en una de las organizaciones internacionales más importantes fuera del ámbito occidental.
A diferencia de los BRICS, que agrupan países de diferentes continentes, la OCS posee una mayor cohesión geográfica y comparte una historia común vinculada a Eurasia. Esto facilita la coordinación en materia de comercio, transporte, desarrollo e integración regional.
Uno de los aspectos centrales de la organización es la importancia estratégica de Asia Central. Esta región no solo conecta a China, Rusia y Europa mediante antiguas rutas comerciales terrestres, sino que también alberga abundantes recursos minerales esenciales para las nuevas tecnologías. Además, su ubicación la convierte en un espacio clave para las redes energéticas, logísticas y de infraestructura que impulsan la integración económica euroasiática. La estabilidad y cooperación en esta región son fundamentales para el desarrollo de un sistema internacional menos dependiente de occidente.
La cumbre también tuvo una marcada dimensión geopolítica. Se aprobó la Declaración de Biskek, en la que condenaron los ataques militares contra Irán y expresaron su preocupación por los riesgos que estos representan para la paz y la estabilidad internacionales. Asimismo, reafirmaron el derecho de todos los países a desarrollar energía nuclear con fines pacíficos y reiteraron su apoyo a la soberanía palestina. Estas posiciones muestran un grado significativo de consenso entre países que, aunque mantienen diferencias en otros ámbitos, comparten una visión crítica respecto a determinadas políticas occidentales.
El significado político de estas declaraciones es claro: Irán no se encuentra aislado internacionalmente. Aunque EEUU y sus aliados poseen importantes instrumentos de presión económica y militar, gran parte de Asia, África y otras regiones del Sur Global continúan reconociendo la legitimidad y soberanía del Estado iraní. Desde esta perspectiva, la OCS se presenta como un espacio donde los países pueden coordinar posiciones comunes independientes de la agenda de Washington o Bruselas.
Otro tema relevante fue el papel de la organización frente a los desafíos económicos de los países en desarrollo. Naciones altamente endeudadas, como Sri Lanka, enfrentan serias limitaciones porque gran parte de sus ingresos públicos se destinan al pago de intereses y obligaciones financieras. En ese contexto, iniciativas discutidas dentro de la OCS, como la creación de mecanismos de financiamiento para el desarrollo, el aumento del comercio en monedas nacionales y la reducción de la dependencia del dólar estadounidense, podrían ofrecer nuevas oportunidades para estas economías.
La OCS refleja el desplazamiento gradual del centro de gravedad de la economía mundial hacia Asia y el surgimiento de nuevos mecanismos de coordinación internacional. Aunque todavía enfrenta importantes desafíos institucionales y políticos, representa una plataforma cada vez más influyente en la construcción de un orden internacional multipolar.




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